Pintor:HENRI ROUSSEAU (alias el aduanero)

Hola amigos,


Hoy les voy a hablar de un gran pintor

El Aduanero, llamado así por su condición de trabajador de la administración pública francesa, vino al mundo en la localidad de Laval en 1844. Se trata de una pequeña localidad en el noroeste francés. Al crecer tuvo que ejercer profesiones que no tenían nada que ver con el arte y no sería hasta el año de gracia de 1885 en que debutará en la pintura. Empezó tardíamente aunque con un derroche de pasión, ya que consideraba que “quien se dedica a lo bello y lo bueno, tiene derecho a una completa libertad creativa”.

Tras graves dificultades, sería reconocido como un pintor original con un estilo sorprendente por su inocente desarrollo de sus retos técnicos un tanto infantiles, pero con una originalidad a prueba de críticas conservadoras. En 1863 se enrolaría como voluntario en la Infantería del ejército francés a fin de eludir el correccional por el hurto de unos francos sustraídos del despacho de un abogado. Se enrolaría, como se dijo antes, como soldado raso para combatir en la guerra de Prusia, pero es licenciado en 1870 por ser hijo de madre viuda.

Rousseau era un autodidacta que copiaría cuadros del Louvre y otros museos. Desarrollando así su peculiar manera de formas esquemáticas con perspectivas intuitivas que causan perplejidad en la crítica. No obstante, es considerado un pintor sincero con una buena dosis de humor y simpatía. Y no sería otro que el gran Picasso, que un buen día, estando en un ropavejero y teniendo este una pila de cuadros recostados en la puerta de su negocio se fijó en una cabeza de mujer que le llamó la atención, le pidió precio al tal trapero y éste le pidió cinco francos por dicha pintura y le advirtió que se trataba de una buena tela que el comprador podía reutilizar y así se hizo con esa obra que le fascinaba.
Rousseau se dio a conocer también por sus celebradas tertulias con diversos intelectuales que brillaban en la época, así: Picasso, Braque, Brancusi, Máx Weber, Apolinaire, Bretón y otros se reunían en algún antro en el cual pretendidamente celebraban tertulias literarias y filosóficas, pero siempre se bebía mucho, se reía mucho y se jugaba sin freno. Cuando la atmósfera lo permitía se convertía en una verdadera bacanal. Una mujer y sus cuatro hijas con flores en el pelo solían exhibirse haciendo una elegante salida. En medio del caos, Rousseau hacía sonar su violín frente al retrato de aquella mujer, con lágrimas en los ojos. Pero la apoteosis llegó en 1908 con el famoso “banquet Rousseau” organizado por PIcasso en su taller del Bateau Lavoir de Montmartre; la ocasión no sería otra que la celebración de la compra por poco dinero de un cuadro del Aduanero - retrato de mujer - recién contado, hecha aproximadamente en el año 1895. Picasso cuenta: La primera obra del Aduanero que tuve oportunidad de comprar fue fruto de la obsesión, el rostro de aquella mujer de mirada dura, penetrante, decidida y luminosa, muy francesa que tuve que reconocer que se trataba de los retratos franceses psicológicamente más auténticos.” El Aduanero premió a Picasso con esa lindeza: “Nosotros somos los dos pintores más grandes de la época: tú en el género egipcíaco y yo en el moderno”.

Pero el final estaba cerca para el Aduanero. En agosto de 1910 se hace accidentalmente un corte en la pierna y descuida la herida que se infecta, ingresado en el hospital falleció el 2 de septiembre tras una horrible agonía. En los archivos del hospital es registrado como alcohólico, y en su funeral sólo asistieron siete personas… larga vida pues a su memoria de este original artista.

Henri Rousseau fue un auténtico maestro de lo intuitivo, lo irracional, que los artistas llevan en su interior, sin importarle en demasía el resultado estético que él consideraba sublime en sus formas (en su obra me refiero y sino me remito a la lindeza soltada por Rousseau a Picasso) pero que dio un nuevo impulso a la creación pictórica, rompiendo con su ingenuidad conceptual Sin la necesidad de representar tal cual se ve la realidad, que a menudo es más falso que lo que no se ve pero que es más real. Tal y como nos enseñaron grandes maestros como Paúl Klee, entre otros sin ir más lejos.


G. ROCHE
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